La concepción de la vida hoy día se asemeja más a un campo de batalla que a una actividad de disfrute. Nos pasamos gran parte del tiempo peleando, esforzándonos por llegar a casa y descansar. Una de nuestras frases favoritas cuando estamos en el sofá de casa es aquella de “Esto es vida, ojalá mañana no hubiera que ir a trabajar”.
Todo ello nos recuerda a una biología de la supervivencia. Nos pasamos la vida sobreviviendo, como si nuestro objetivo fuera llegar a casa y descansar, dando gracias de haber superado un día más de esfuerzo.
Tenemos un cerebro que piensa y que nos proporciona todas esas claves para sentirnos bien después de una ardua jornada de trabajo. Y este mismo cerebro nos da la imagen de una vida que aceptamos que hay que vivir como una lucha continuada por alcanzar nuestros objetivos.
¿Qué puede ocurrir si le decimos a nuestro cerebro que nos traiga imágenes “no-esfuerzo”?
¿Podemos hacer eso?
La respuesta es sí. Y si la siguiente pregunta es ¿cómo?, la respuesta es:
perseverancia creativa
Porque hay un tipo de perseverancia que se basa en la repetición monótona: golpear y golpear hasta que la piedra se deshace. Aquí no hay creatividad, hay tozudez.
El cerebro-mente es la herramienta más poderosa que tiene el ser humano; tan poderosa que a menudo nos asusta utilizarla y la dejamos “abandonada”. Cada vez más necesitamos empoderarnos y conocer de lo que somos capaces, ser conscientes y entrenarnos en esa perseverancia creativa.
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