Reubicando Mindfulness

A lo largo de la historia de la psicología, las terapias han ido evolucionando desde una perspectiva predominantemente filosófica a un enfoque mucho más empírico desarrollándose así las terapias conductuales (terapias de primera generación) o cognitivo-conductuales (segunda generación).

Las terapias contextuales reciben su nombre del Contextualismo Funcional. Desde esta perspectiva, se estudia a la persona y su conducta dentro de su contexto y no de forma aislada. Por otro lado, las terapias contextuales dan importancia amplia al lenguaje que utiliza el paciente para consigo mismo y los demás.

Las terapias contextuales son definidas como terapias de tercera generación y entre las mismas se pueden destacar las siguientes:

  • TDC o terapia dialéctico conductual. Indaga en los sentimientos desadaptativos de la persona, mostrando alternativas que puedan hacer que varíe su forma de conducta y que mejore su estado de ánimo.
  • ACT Acceptance and commitment therapy o terapia de aceptación y compromiso. En este caso, la terapia trata de que aceptemos nuestros sentimientos y pensamientos y que realicemos acciones que sean coherentes con nuestros valores.
  • Mindfulness. Es la terapia de la atención plena. Se parte de la idea de que no tenemos el control de nuestro pensamiento y dejamos que nos invadan constantemente pensamientos relativos al pasado o al futuro, sin darnos cuenta de lo que sucede aquí y ahora. La idea central del Mindfulness es centrarse en el momento presente, es decir, dejar que las cosas sucedan sin intentar controlarlas, simplemente observando.
  • PAF o Terapia analítico funcional. Busca como objetivo que la persona interprete su conducta y las causas desde la verbalización de las mismas y cómo éstas pueden ser modificadas.  

Las terapias contextuales, en general, tratan de que las personas aprendan a gestionar su vida y a ser más flexibles con los cambios que se producen.

A todo esto, me gustaría añadir que, desde la experiencia propia, entre las terapias arriba citadas, lo que diferencia al Mindfulness del resto es su capacidad de lograr que poco a poco la persona que practique adquiera un “carácter mindfulness”, algo que se definiría como:

  • Visión consciente de los acontecimientos, alejándose de la dependencia emocional
  • Ecuanimidad en la forma de actuar
  • Paciencia para reducir los posibles estresores cotidianos
  • Capacidad de observación que permite obtener una visión de la realidad más completa
  • Disfrute de la novedad y el cambio sin temores, sino recibiéndolos como naturales
  • Y en definitiva, una forma de aprender a vivir plenamente la vida

La mejor manera de iniciarse en la práctica de Mindfulness es desde un mentoring que te iniciará en el camino que luego tú recorrerás cada día con más fluidez y gusto.

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