Coherencia cardiaca y las moléculas de las emociones

La manera en que contemplamos la relación entre corazón y cerebro nos puede hacer entender cómo hay una influencia mutua. Cuando se agita la mente, se agita el corazón y lograr una buena coherencia cardiaca es lo mejor que podemos hacer para mantenernos sanos, poder manejar nuestro estrés –a veces imperceptible porque estamos acostumbrados a él-, nuestra ansiedad, y a la vez incrementar nuestra energía. Manejar el estrés significa mucho para nuestro ciclo de vigilia/sueño, la concentración, la memoria y la acción consciente.
En el terreno fisiológico, sabemos que en el cerebro actúan unos neurotransmisores. De ellos, cabe citar la Dopamina, que interviene en la acción, la motivación, las ganas de realizar proyectos, el deseo y la sensación de placer. Es la rama simpática de nuestro cerebro.
Por otro lado, actúa también la rama parasimpática, con neurotransmisores entre los que destaca la Serotonina. Desde la acción de la serotonina y otros de la misma rama, generamos calma, relajación, paciencia e inducción del sueño.
Cuando logramos un buen equilibrio entre estas dos ramas, simpática y parasimpática, nuestro comportamiento y motivación mejoran proporcionándonos salud.
Ambas ramas actúan desde el hipotálamo donde llega la transducción sensorial y lo emocional, por eso a todos estos procesos de neurotransmisores podemos llamarlos las moléculas de las emociones.
Por otro lado, la coherencia cardiaca es una herramienta que nos permite sincronizar la respiración con nuestra frecuencia cardiaca, es decir, conectar corazón, respiración y mente. Mantenernos en coherencia cardiaca significa lograr un equilibrio en nuestro sistema vital que nos facilitará la capacidad de resiliencia, de adaptación a situaciones complejas con pensamientos claros y con actitud proactiva.
A la coherencia cardíaca llegamos fundamentalmente a través de nuestra respiración.  Respiración y ritmo cardiaco son dos sistemas imprescindibles para la vida y el buen funcionamiento de las células. Respirar mal implica que aparezcan el estrés, la ansiedad y la fatiga física, y también provoca que nuestro corazón tenga que realizar un trabajo extra para que las células reciban el oxígeno necesario.
Busca esa coherencia cardíaca a través de los ejercicios de respiración, a través del yoga, el mindfulness y el biofeedback.
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